Muchas maneras de matar (II)

Allí suspiros, llantos y grandes males/resonaban en el aire sin estrellas,/ que me hicieron llorar no bien entré./ Lenguas diversas, horribles lenguarajos,/ palabras de dolor, acentos de ira,/ altivas y roncas voces, con puñadas,/ tumultuaban todas rondando/ siempre en aquel astuto aire sin tiempo,/ como la arena que el torbellino aspira.

(Canto III de “El infierno”, La Divina Comedia, Dante Alighieri)

Sólo un iconoclasta tan visionario como Brecht pudo haber escrito, refiriéndose a circunstancias terriblemente concretas y afectado personalmente por los fenómenos que describía, juicios universalmente tan vigentes que trascendían su penuria personal, provocada por la dinámica de los acontecimientos. En 1940, refugiado en Finlandia, una de las tantas estaciones temporarias en su alejamiento-refugio-exilio, primero de su Alemania natal y sucesivamente de las zonas de Europa dominadas por el nazismo, escribió: “Los hombres creen que las guerras modernas tienen causas nobles, solamente debido a que las causas verdaderas, aquellas en las que es posible pensar, son demasiado bestiales” (Diálogos de refugiados). En la misma obra, Brecht aportaba, además, un análisis sobre el silenciamiento y el juego estratégico de los aliados en la etapa previa al estallido de la Segunda Guerra Mundial, cuando éstos dejaban actuar a la dictadura nacional-socialista. Sus víctimas eran los “enemigos internos”, los judíos y los comunistas. Sólo en el momento en que peligró el dominio de gran parte de Europa, la “bestia nazi” se convirtió en el enemigo contra el que se debía combatir: “[…] De la clase media destruida, los campesinos y los obreros crearon entonces el movimiento popular nacional-socialista, con él podían empezar, tranquilamente, una segunda guerra mundial. El orden fue garantizado por un nuevo ejército de asalariados, que ya desde un primer momento los aliados permitieron activar contra enemigos caseros”. Una reflexión que no sólo servía para entender lo que ocurría entonces, sino lo que envuelve al mundo en la actualidad, sin que la analogía pueda equiparar regímenes políticos, pero dejando entrever actitudes –aplíquelo cada uno a lo que crea-.

Pero lo que interesa hic et nunc es el carácter dialéctico de su pensamiento, su idea de que la verdad nace del contraste, del conflicto entre seres humanos, entre clases sociales, pero, sobre todo, en el interior de las personas. Un antídoto contra el dogmatismo, la mayoría de las veces contra la ignorancia de lo que son los otros y contra la ignorancia de lo que somos nosotros en relación con los otros. “Tú que eres dirigente, no olvides/ que lo eres porque has dudado de los dirigentes./ Así que permite a los dirigidos/ que duden” (Elogio de la duda). Porque lo sencillo es lo difícil y aquello a lo que hay que aspirar, “[…] pues toda criatura precisa ayuda de todos” (De la infanticida Marie Farrar).

Brecht hizo estallar las contradicciones ocultas en los comportamientos de la cultura dominante de la época, mostrando el lado oculto de los tópicos, de los ídolos y de las nimiedades —aún, hoy— de nuestra sociedad. Exageraba hasta el paroxismo los comportamientos hipócritas y cínicos. Decía con toda sinceridad y crudeza lo que los demás no querían oír y dirigía sus argumentos directamente al núcleo de la idea. No creía en la diferencia entre fortaleza y debilidad —“Amo y criado: éstas son las diferencias abismales”, apuntaba—, sino en la capacidad del ser humano para cambiar. Así lo dice la viuda Begbick en uno de los intermediarios de Un hombre es un hombre: “Un hombre es un hombre, dice el señor Bertolt Brecht./ Y sobre esto nadie puede objetar nada. Pero el señor Brecht va a demostrar/ que un hombre puede rehacerse a voluntad”.

El XXI sigue siendo propicio para tomar prestadas muchas de las ideas brechtianas y llevarlas a la escena apelando a su filosofía de la acción, a la necesidad de tomar decisiones, de no cerrar los ojos, de hacernos con la responsabilidad ante todo lo que ocurre a nuestro alrededor. El teatro épico de Brecht era, como decía W. Benjamin, el “teatro del héroe apaleado”, ya que quienes no sufren no llegan a la reflexión. Era, además, una guía para la acción. Frente a los sentimientos y emociones que el teatro dramático confiere al espectador, su teatro épico le fuerza, por el contrario, a tomar decisiones: frente a un teatro en el que el pensamiento condiciona la existencia, argumenta que es la existencia social la que determina el pensamiento; a la sugestión opone el argumento.

Y el hombre se dio cuenta de que era mortal

“Pero para hacer frente al nihilismo moderno sólo podemos establecer un nuevo contrato basado en la dimensión recuperada del pudor : el respeto por la naturaleza ‘sagrada’ de las cosas.” (Dostoievski en Manhattan, Andrè Gluksman)

Ante el miedo y las lágrimas, ante la sangre y el furor, el pudor. Como Aquiles y Príamo, como el propio Homero. Con pudor… “El terrorismo, en todos sus sentidos y como tantas otras conductas humanas, es una abominable falta de compasión, una cerrazón infame ante el dolor ajeno. Todo ese sufrimiento ocurrió porque alguien, en un momento dado, no tuvo piedad por un ser humano.” (José Antonio Marina)

Hemos venido al lugar donde te dije/, habías de ver la gente adolorida/, los que han perdido el bien del intelecto. (Canto III de “El infierno”, La Divina Comedia)

Y en medio de todo… El poder, “el poder no hace blanco únicamente en el cuerpo prohibiendo, negando… Crea realidades, establece disciplinas, suscita formas de deseo… Lo hace a través de las relaciones interpersonales cotidianas. El poder muta, se transforma, se adapta, no funciona si no es en cadena. Y en sus redes circulan los individuos, sufriendo o ejerciendo ese poder; nunca son el blanco inerte o consistente del poder ni son siempre los elementos de conexión. El poder transita transversalmente, no está quieto en los seres humanos” (Los intelectuales y el poder, Michel Foucault).

“La gente habla a menudo de la crueldad bestial de los seres humanos, pero es una injusticia muy grande… Una bestia no podría ser nunca más artísticamente cruel que un hombre.” (Fiódor Dostoievski). Los animales luchan para protegerse y sobrevivir. Pero se cuidan unos a otros…

“El nacimiento no garantiza la humanidad. La gente, atrapada en la animalidad, emprende guerras únicamente para enseñar quién es el más fuerte. La bestialidad más peligrosa habita en el hombre.” (Yuyu Kiryu)

Hubo un tiempo en que la “agresividad” era “avanzar”, “acercarse”, “tocar”,“comprender”…[1] “Si consiguiéramos liberarnos de tanto ruido, si pudiéramos instalarnos en el silencio atento… […] Ante el dolor que pudo ser evitado y no se evitó nos reclama la constancia de la memoria. Recordar es ‘volver a pasar por el corazón’. Pero el corazón humano es desmemoriado, y de los que sufren acaba siendo verdad el terrible verso de Quevedo: ‘Y sólo para ti si mueres, mueres.’” (José Antonio Marina)

Qué somos sino un hermoso y delicado soporte para el amor, contaminado por un sufrimiento, ¿aún desconocido?, ¿irrevocable? La belleza no es más que el comienzo de algo que apenas soportamos, y si lo admiramos tanto es porque, sereno, desdeña destrozarnos… Manhattan, Madrid, Moscú, traen a la memoria colectiva las ruinas de Troya. “Sin duda, nos agotaremos suturando una herida tan mortificante para nuestro narcisismo…” (Andrè Gluksman)

Y el hombre se dio cuenta de que era mortal… Como la arena que el torbellino aspira… No somos más que ese momento en que nos dejan un poco de libertad y sólo tenemos esa pasión. A veces, no es posible expresarla físicamente, pero hace que los sueños, pesadillas y emociones sigan girando. Siempre en ese astuto aire sin tiempo. Como la arena que el torbellino aspira.


[1] Agresividad, etim. del latín agreddi.

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Acerca de Alexis Fernández

Me llamo Alexis, soy periodista y experta en comunicación cultural. Trabajo desde hace doce años en el ámbito de la comunicación de las artes escénicas y de la música, pero antes he ejercido como reportera a pie de calle y a mano siempre de un bolígrafo, como redactora de Cultura y Espectáculos y también como discreta crítico de teatro. Puedo decir, modestamente, que mi experiencia me avala, que algunas cosas ya las he visto y otras aún no alcanzo a ver. Pero, al igual que me conmueven las vistas desde una montaña y los tejados, me gusta sentir que estoy en la Summa Cavea de un teatro -el lugar destinado antiguamente a las mujeres y los niños, la parte de arriba-, mirarlo todo desde allí, sin prejuicios, contemplar un pedacito de mundo contenido en un escenario y disfrutar...
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Una respuesta a Muchas maneras de matar (II)

  1. esther dijo:

    Muy interesante Alexis y un texto muyyyy currado. Enhorabuena.

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