Muchas maneras de vivir (II). “Por favor, abran las cortinas”

Beatriz Argüello en 4.48Psicosis. Fotografía de Julián Villanueva

“En esta vida morir no es difícil. Mucho más difícil es hacer la vida.” (Vladimir Mayakovsky)

Pensaba estos días en lo que significa “mirar”. Creo que el sentido real es meterse en el alma del otro, por eso hoy es tan extraño que alguien te mire o mires a alguien, eso significaría ser empático y ponerse en su lugar. Y no hay tiempo. Si ni siquiera lo hay para leer un texto de más de un folio (incluso en Literatura están de moda los microrrelatos, personalmente me gustan mucho), y es preciso reducir el mundo a breves frases (aquello que requiere atención, concentración, profundización parece estar “prohibido” para la mente actual y además resulta incómodo, resultado, tal vez, de la sobreabundancia informativa de la era 2.0 y de su dinámica, mucha información pero poca relevancia, veracidad, falta información que nos revele cosas importantes). Cómo entonces vamos a adentrarnos en el alma del otro… A no ser que nos la resuma en 140 caracteres… (Felicito a los lectores que lleguen hasta el final de este post).

Hace unos meses se representaba en Madrid, dirigida por Carlos Aladro y su Teatro en Tránsito, 4.48 Psicosis de Sarah Kane, la polémica dramaturga inglesa que con 28 años se suicidaba a causa de una grave depresión que le impidió tomar la decisión de vivir. Desde hace unos años, su breve obra dramatúrgica está siendo un poco más conocida por el público español. Sus obras sólo han sido traducidas al castellano para su directa representación, aunque en el resto de Europa sus piezas dramáticas sean referentes centrales dentro de la discusión académica sobre el teatro de los últimos años. El Teatro Pradillo dedicó en 2004 un Ciclo de Autor a la representación de la obra de Kane, y el Colectivo El Astillero llevaba a escena en 2009 4.48 Psicosis, dirigida por Guillermo Heras, junto a Ganas de matar en la punta de la lengua, de X. Durriger, dentro del proyecto Crónicas del desasosiego. El Teatro Fernán Gómez-Centro de Arte acogió casi al mismo tiempo -febrero de 2009, justo cuando se cumplían 10 años de la muerte de Kane-, la versión dirigida por Luciano Cáceres, con traducción de Rafael Spregelbrud, e interpretada por la actriz argentina Leonor Manso. También Isabelle Huppert interpretó a Kane.

4.48h. Psicosis, que el miércoles 26 formará parte en La Abadía de la feria de artes escénicas de la capital, MadFeria, continúa con la línea de investigación de Have I None, de E. Bond, acerca de un mundo que se destruye a sí mismo, acerca del fracaso de una vida, de la imposibilidad de ser salvados por una sociedad que se apaga y cuya tolerancia al sufrimiento desconoce límites. Kane evidencia un sistema en el que no hay tiempo ni ganas para conectarse con el propio dolor, y menos aún con el dolor ajeno, de ahí que todos estemos anestesiados ante el sufrimiento, “empastillados” e incapaces para ver la luz y para conectarnos con lo real. La destrucción es lo único permanente. La autora sintetiza la energía de sus sentimientos en este “relato”, que habla de un asunto que siempre ha rozado la oscuridad de la prohibición: el suicidio, el asesinato de uno mismo, un crimen que habitualmente se esconde. Una historia oscura para tiempos difíciles paralela a la lectura de Bond, de cuya lectura se puede extraer un homenaje al suicidio de la controvertida autora británica. No en vano, el personaje principal de Otro no tengo se llamaba Sarah y ella misma, al final de la obra, terminaba con su vida. Kane terminó de escribir 4.48 Psicosis poco antes de su suicidio y la pieza fue estrenada póstumamente el 23 de junio de 2000 en el Royal Court Theatre, el mismo teatro que dedicó en 2001 una temporada entera a reponer todas sus obras.

La esperanza de este teatro radica, precisamente, en cambiar esa vida, esa tendencia, para lo cual el ser humano tiene que recuperar la capacidad de vivir y solidarizarse consigo mismo y con el prójimo.

La necesidad de un cambio de rumbo

Dice Jorge Dubatti en la edición argentina de esta obra -Ed. Losada, 2006- que el teatro de Sarah Kane “parece expresar hasta sus últimas consecuencias el mal de nuestra civilización”, de la locura al suicidio. “La vida y la obra de Kane pueden interpretarse como síntoma de crisis y toma de conciencia de la necesidad de un cambio de rumbo”. Quizá sea la razón por la que un dramaturgo como Harold Pinter calificase a 4.48 Psicosis de “obra maestra”, anteponiéndose a la crítica del momento, que detestaba de Sarah Kane su riesgo.

El título, que construye una certeza, además de una clara referencia bekettiana, alude a la hora en la que más suicidios se producen ya que, según las estadísticas, es cuando los efectos de los fármacos tomados la noche anterior terminan, sustanciándose en naturalismo, como la continuidad de la representación verista de casos clínicos en escena, en la tradición de la parálisis cerebral de Osvaldo Alving de Espectros de Ibsen o la locura final de Blanche DuBois en Un tranvía llamado deseo, de T. Williams. En Kane, el desequilibrio emocional y mental se convierte en psicosis y termina en suicidio, mientras el texto registra su agonía, su dolor, un dolor que se vuelve hábito y cotidianidad, y del que desea salir, pero no puede. Personalmente no admiro mucho la obra dramatúrgica de Kane, su dolor me conmueve e incluso me convulsiona, de la misma manera que tantos dolores. Pero sus textos no acaban de engancharme. Sin embargo, la interpretación de Kane por Beatriz Argüello y el trabajo de dirección de Aladro me gustaron mucho. Argüello es una actriz magnífica, llena de recursos que sabe manejar con esponteneidad y decisión.  Las palabras de Kane se materializaron. Tanto que durante los ensayos incluso me despertaba sobre las 4.45h., sobresaltada, porque sólo me había tomado un cola-cao la noche anterior…

La autora, pues, somete a ese espectador al límite de sus emociones, llevando, asimismo, la escritura dramática a sus últimas consecuencias y mostrando al espectador, a través de ella, la disciplina de su inconsciente, el hábito y la línea de su pensamiento. El verdadero escenario es la conciencia del lector-espectador, un espacio psíquico que prescinde de utilería, escenografía o maquillaje. La obra es una radiografía psíquica de la autora, una “angustia congénita” que separa su cuerpo de su mente, la imposibilidad de tocar su yo existencial, anegado por el vacío, la angustia y el dolor más profundo, anulado, preguntando si, en su desfile de fantasmas, aparecerá la verdadera voz, la auténtica Sarah que ella misma desconoce. Ella misma define su enfermedad como “la enfermedad de volverse grandioso”, la piedra que nos ancla a un mundo en el que no queremos estar: la propia Sarah estaba plenamente consciente de ser su víctima favorita.

4.48 muestra qué es lo que pasa por la mente de una persona cuando ya no distingue lo real de lo imaginario, los recuerdos de lo fantasioso, los sueños de las pesadillas. Su suicidio expresado explícitamente, la visión psicológica del túnel, bien pudiera compararse con el de Sylvia Plath, materializado en sus poemas, el de Alejandra Pizarnik o con otros autores obsesionados con la muerte como medio de liberación.

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Acerca de Alexis Fernández

Me llamo Alexis, soy periodista y experta en comunicación cultural. Trabajo desde hace doce años en el ámbito de la comunicación de las artes escénicas y de la música, pero antes he ejercido como reportera a pie de calle y a mano siempre de un bolígrafo, como redactora de Cultura y Espectáculos y también como discreta crítico de teatro. Puedo decir, modestamente, que mi experiencia me avala, que algunas cosas ya las he visto y otras aún no alcanzo a ver. Pero, al igual que me conmueven las vistas desde una montaña y los tejados, me gusta sentir que estoy en la Summa Cavea de un teatro -el lugar destinado antiguamente a las mujeres y los niños, la parte de arriba-, mirarlo todo desde allí, sin prejuicios, contemplar un pedacito de mundo contenido en un escenario y disfrutar...
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