Tocar la luna con las manos

"Es la luna quien me lo ha dicho". Foto de la cía francesa Créature

"Es la luna quien me lo ha dicho". Foto de la cía francesa Créature

Decía el escritor suizo Nicolas Bouvier que a pesar de que “uno cree que va a hacer un viaje, es el viaje el que lo hace a él”. Al principio, es como vivir los primeros días de un amor, no sabemos adónde nos conducirá esa obertura de caricias, ni qué cielos admiraremos en una ciudad que desconocemos cuando decidimos emprender el camino. Pero es ese placer de imbuirnos en el viaje y en la aventura lo que nos hace avanzar, ver, descubrir el espíritu de las cosas, vivir emociones que se quedarán siempre con nosotros y ser personas nuevas. Y las emociones, ya se sabe, también son viajes del corazón.

El Festival Internacional de Teatro de Títeres de Segovia, Titirimundi, comenzó como un viaje, con la ilusión con la que empiezan todos los viajes, con la inquietud por descubrir lo desconocido, con el carácter efímero de toda aventura que se interprete como tal, con ese cariz errante del titiritero que, de plaza en plaza, canta sus sueños y sus miserias. Pero con la voluntad de quedarse lo suficiente como para compartir un fragmento de vida y de fiesta, sentado en su baúl a comer y beber en los bodegones y tabernas, como señala Cervantes en sus Novelas Ejemplares.

Titirimundi nació hace 25 años (hubo dos en los que no se llevó a cabo, de ahí que se celebre hoy el aniversario), y lo hizo con espíritu libre, como el del titiritero más genuino y soñador que sabe que maneja una herramienta dramática con poderes de sugestión próximos a la magia y la ilusión. Era la primavera de 1984, un abril soleado en una ciudad castellana donde había llegado hacía unos años Julio Michel, un titiritero hijo de mayo del 68 que rechazaba toda fórmula oficial y con cuya compañía, Libélula –junto a Lola Atance-, actuaba por toda España. Decidió entonces que quería aportar su granito de arena para revitalizar la vida artística segoviana y se encargó de gestionar la llegada de compañías de teatro a la ciudad. Un año más tarde, y al lado de Juan Peñalosa, Isabel Urzurrun e Isabel González, nacía en Segovia Titirimundi. En el deseo de una belleza que nunca se acaba y que el arte tiene el poder de regenerar una y otra vez con entusiasmo, llegaba un festival internacional que pretendía sembrar y difundir el teatro de títeres, invitando a la ciudad a un gran descubrimiento, con el mismo asombro que provocan los magos.

En aquel primer año participaron 15 compañías. Fue un paso firme para que el público se diese cuenta de que los títeres estaban creados a partir de material frágil y sensible a través del cual viajar al mundo de las emociones y los sentidos. Ese primer festival fue posible gracias al apoyo de la Junta de Castilla y León (hoy son siete las entidades patrocinadoras -el Ayuntamiento de Segovia, la Junta, Tierra de Sabor, Caja Segovia, Renfe, que en este periodo, además, aumenta el tráfico de trenes hasta Segovia,la Diputación Provincial y el INAEM- y cuatro las que colaboran). Pero más tarde, llegaron años flacos con la Administración y retirada de subvenciones. El Festival solicitó ayuda a toda la ciudad para que los segovianos acogieran en sus casas a los artistas, que renunciaron a sus cachés, cobrando únicamente los beneficios de taquilla.

Esa misma ciudad que había dormido en parte durante años, se despertó definitivamente para abrirse y descubrir un tesoro escondido.

Segovia se transforma desde entonces en un lugar tomado por el teatro de la ilusión, un gran escenario abierto formado por patios, iglesias, rincones históricos, una escenografía perfecta para crear un festival donde “guardar las palabras en el bolsillo” o “tocar la luna con las manos”, que diría Kamante Teatro, no es una quimera. Segovia se convierte durante 8 días en un inmenso castillo, como un títere gigantesco que se abre de todas partes, con dragones que arrojan asombro por la boca, magos que encantan las miradas, peces que nadan por mares de poesía, bailarinas que caen del cielo en las manos o pulgas que se esconden en la inocencia de aquellos para los que soñar es una condición de vida. La ciudad se rinde ante el mundo descubierto de los títeres, como si hubiese abierto un baúl gigante donde todas las pasiones humanas estuvieran contenidas.

Titirimundi ha llegado hasta hoy convertido en “uno de los mejores festivales de títeres del mundo”, tal y como aseguran los profesionales del teatro, y uno de los pocos que, con carácter anual y con sus características, se celebra durante una semana con una fidelidad de público asombrosa, prestigio profesional y artístico, y apoyo de la sociedad. De hecho, cada vez tiene más extensiones por todo el país, Castilla y Léon, y Madrid, donde este año llega, además de a la sierra madrileña y algunos pueblos, al Centro Dramático Nacional, que en días sueltos ofrecerá una pequeña degustación del arte de teatro de títeres, con 12 compañías que han visitado el Festival durante estos años.

De las 15 compañías con las que nació Titirimundi, alcanzó 46 en 2008. En esta edición de 2011, 40 de 16 países en Segovia. Es difícil encontrar una ciudad donde se celebren alrededor de 200 funciones en tan sólo 5 días, con una media de 30 representaciones por jornada.

Una pasión que produce entusiasmo

"Andrée Kupp, domadora de verduras". Foto de Les Zanimos

"Andrée Kupp, domadora de verduras". Foto de Les Zanimos

El público se acerca desde todos los puntos de España y el extranjero, hace colas interminables para comprar una entrada a precios más que populares (1-2€ en los patios, 5-11€ en teatros y gratuidad en el resto) y, ante un sol radiante o bajo una lluvia amenazadora, acude a los patios y plazas sin que su entusiasmo se desvanezca ni un ápice. El teatro es “el arte del espectador, de la atención, de la mirada compartida”, dice el director del Odin Teatret, Eugenio Barba. Y el Festival lo lleva a gala, intentando cada año mejorar.

Enraizado en esa pasión que produce el entusiasmo, en la fantasía necesaria cuando en los momentos de cansancio todo alrededor asfixia la ilusión y en el rigor como una regla vital, el público confía en esa condición de calidad prometida año tras año, y que el festival basa en el interés de las propuestas

Por Titirimundi han pasado los mejores titiriteros del mundo, desde Bread and Puppet o Jean Paul Hubert, Obrasov, los Hermanos Forman, Circo Ronaldo, hasta Stuffed Puppet, Des Chiffonières, Victor Antonov, Triangle for Season, Amorós y Agustín, Albrecht Roser, los Dromesko, Les Ateliers di spectacle), Jordi Bertrán, La Chana, Marionetas acuáticas de Vietnam, y un largo, largo etcétera.

Titirimundi 2011 se caracterizará por la fusión del teatro de títeres con otras artes (música, danza, artes visuales), una voluntad de mostrar de forma coherente nuevas tendencias, que este año se representará en propuestas como los espectáculos de Beau Geste, en el que prima la danza, Macarena Recuerda, donde las artes visuales y el vídeo privilegian la mirada del espectador, Thalias Kompagnons (títeres y ópera). Titirimundi celebra, además, su 25 edición acentuando una de sus señas de identidad: el carácter de fiesta popular, adentrando al espectador en la vorágine de la celebración en la calle y con la presencia, más que nunca, del uso del espacio urbano como lugar para la representación. Titirimundi 2011 invadirá literalmente la calle con el predominio de espectáculos al aire libre en los que la complicidad con el público es parte esencial. Muestra de ello son los montajes de Délit de Façade, La Tête de Pioche, Leandre, Shiva Grings o Teatro Necessario, entre tantos otros.

La plástica de los objetos y la vanguardia de la técnica serán mostrados por compañías tan prestigiosas como Bakélite, Gioco Vita, en un homenaje a Luzzati y Rodari, y el regreso a los orígenes del teatro de títeres español llegará de la mano de La Máquina Real, una máquina de sueños donde condensar todo el arte y conocimiento de una de las épocas más brillantes de nuestra historia con un espectacular teatro a escala (6×5 x5m.) y 50 títeres realizados según los cánones tradicionales castellanos del siglo XVII. También estarán presentes una de las compañías españolas por excelencia, Axioma, y la suiza Anita Bertolami, con unas criaturas en miniatura que parecieran salir de los Viajes de Gulliver.

Dos estrenos absolutos

El esperado estreno absoluto del último espectáculo de El Chonchón se realizará en esta 25 edición de Titirimundi, donde por primera vez en la historia del Festival se presentará una producción propia que tiene como protagonista al Acueducto de Segovia y está basada en una leyenda segoviana. Con idea original del director del Festival, Julio Michel, diálogos de Moncho Alpuente, dibujos de Antonio Madrigal, música de Cuco Pérez, dibujos animados de Shaker 737, imágenes de GMT Interactiva (autora del documental “La ciudad teatro”, que se proyectará durante el Festival y que resume estos años de títeres a la conquista de la ciudad), creación de figuras y manipulación de Muñecos Animados (Román y Cía), sombras de Libélula Teatro de Títeres, La leyenda del Acueducto tomará forma en un montaje multidisciplinar de teatro de figura, objetos, vídeo, etc.

"Criaturas particulares". Foto de Roberto White

"Criaturas particulares". Foto de Roberto White

La imaginación, el humor, la belleza y también la ternura estarán presentes en los espectáculos de Refleksion, Roberto White, Créature, Periferia, El Retablo, Alex Marionettes… Los grandes maestros del títere de guante en el mundo -como el incondicional Rod Burnett y Salvatore Gatto- celebrarán el 25 cumpleaños de Titirimundi en Segovia o Kakashi-za, la primera compañía de teatro de sombras de Japón especializada en obras contemporáneas, que proyectará su talento en el Festival. En Titirimundi no faltarán propuestas exclusivamente para niños, para adultos o para público familiar. El Espejo negro presentará su segunda producción para público infantil, El fantástico viaje de Jonás el espermatozoide, y Les Zanimos, que ya visitó Titirimundi con sus últimos montajes, sembrarán la alegría en la huerta con Andrée Kupp, domadora de verduras, el espectáculo que le dio la fama. También estarán La Gotera de lazotea y Sofie Krog Teater, entre tantos otros.

Con la colaboración de Casa África, desde el continente del sur llegarán dos compañías: la compañía de Marionetas de Boromo (Burkina Faso) con Les Grandes Personnes d’Afrique, que movilizarán las calles de la ciudad Patrimonio, y Les Gardawa, los últimos trovadores tradicionales de Níger, en una oportunidad única para disfrutar de una velada auténtica de títeres y teatro africano. También La Mar de Marionetas mostrará su arte en un sutil espectáculo en coproducción con Guinea Bissau, con música africana y leyendas de este país.

Un Titirimundi donde se podrá contemplar lo más tradicional y lo más contemporáneo y reciente de este arte vivo, con una mirada atenta a las modernas corrientes sin olvidar la tradición.

Referencia mundial del teatro de títeres y nacimiento de nuevas promesas hasta 765 compañías han mostrado su arte en los rincones de Segovia, y, desde hace unos años, también en diferentes ciudades de Castilla y León, Madrid, Castellón, Navarra y hasta en Portugal. Capaz de movilizar a cien mil espectadores, es un evento popular generador de integración social y cultural, con una diversidad de público que sabe disfrutar sin prejuicios del objetivo fundamental: fomentar el arte del teatro de títeres y crear un lugar de encuentro e intercambio entre compañías y ciudadanos del mundo gracias al juego, el que el público y el festival han determinado desde un principio, como si se tratara de un acuerdo tácito en el que el espectador y el artista se fundieran en uno solo.

El títere como compañero de viaje

Pinocho y medio, de El Retablo

Pinocho y medio, de El Retablo

A lo largo de la historia, el títere ha sido un compañero de viaje para el hombre: el viaje de la vida a través del tiempo. Se ha renovado con él y ha crecido con él, fascinando al hombre y dándole la oportunidad de crear una segunda realidad en la que todo está regido por un soplo de magia, que no es sino la vida en estado puro, con toda su libertad al alcance de la mano: abordar el mundo como si un paso fuese una aventura en lo desconocido, como el hecho de levantar un brazo o mover un dedo. “El títere ha sido leal y generoso con el hombre, le ha servido para la fiesta, para revelar críticamente las perversiones de la opresión, para la pedagogía cuando ésta se transforma en asombro, para el juego o para esa extraña forma de la sonrisa que es la ternura. Pero el papel que más le ha gustado interpretar es el de un sonriente luchador por la libertad”. Quizá porque estos muñecos-personajes “lo mismo lanzan la palabra graciosa que la cruel verdad, y la cara inmutable del títere proporciona a la queja o a la insolencia un acento tan profundo que parece sobrenatural”.

En Titirimundi es posible contemplar las técnicas y corrientes más vanguardistas de este arte vivo y al mismo tiempo vivir la sencillez, esas historias sencillas de toda la vida que sabemos, pero que olvidamos ante la rapidez y la rutina de la vida. Quizá porque la sencillez puede ser maravillosa por su pequeña grandiosidad, y en esas sencillas historias se encuentra la esencia de la vida. Espejo nuestro, como señalaba Samaniego en su fábula Los dos titiriteros, espejo deformado, como el del callejón del gato valle-inclanesco, el títere arrastra al espectador a un mundo de fantasía cuya premisa es dejarse seducir.

Cuenta un relato hindú que Parvati, la mujer del Dios Shiva, hizo un hermoso títere que escondía a los ojos de su esposo para que éste no lo viera y se enamorara. Llevó la muñeca a la montaña y todos los días iba a visitarla y a adorarla. Pero el Dios Shiva, un día, la descubrió mientras buscaba una flor. Se enamoró del títere, le dio vida y huyeron juntos. Tal vez por eso Titirimundi es un momento y un lugar para huir de la rutina, para viajar al espíritu del títere y, como el Dios Shiva, llevarse para siempre un pedacito de esa vida de hoy contada a través de un taco de madera, un rostro de trapo, unos ojos de tinta y una sonrisa de cien hilos.

Titirimundi: un viaje al espíritu del títere

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Acerca de Alexis Fernández

Me llamo Alexis, soy periodista y experta en comunicación cultural. Trabajo desde hace doce años en el ámbito de la comunicación de las artes escénicas y de la música, pero antes he ejercido como reportera a pie de calle y a mano siempre de un bolígrafo, como redactora de Cultura y Espectáculos y también como discreta crítico de teatro. Puedo decir, modestamente, que mi experiencia me avala, que algunas cosas ya las he visto y otras aún no alcanzo a ver. Pero, al igual que me conmueven las vistas desde una montaña y los tejados, me gusta sentir que estoy en la Summa Cavea de un teatro -el lugar destinado antiguamente a las mujeres y los niños, la parte de arriba-, mirarlo todo desde allí, sin prejuicios, contemplar un pedacito de mundo contenido en un escenario y disfrutar...
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