El circo, un poema único en el mundo

Desde siempre el circo ha traído a una ciudad a toda una corte de artistas cuya llegada, muchas veces en caravanas y carromatos, anunciaba el espíritu mágico y deambulante que encierra, acaso también el viaje sempiterno de la vida. Un legendario mundo que hacía el más difícil todavía en una pista palpitante -quizá representación del mundo, como se preguntaba Starobinski en Retrato del artista como saltimbaqui- provocando el asombro y regocijándose con el delirio de una audiencia deslumbrada. Un círculo mágico, eterno retorno, donde levantaban el polvo los caballos al girar, esa rueda de la vida sobre la que volaban cuerpos celestes que bailaban su breve danza cósmica en trapecios y cuerdas flojas, sobre la que el hombre bala trazaba una parábola perfecta o donde los payasos, los magos, los tambores y las fieras aparecían y desaparecían por el efecto de la misma magia que creaba un mundo en el que se desafiaban todas las leyes, imponiéndose la belleza, el gusto por lo insólito, el espíritu de superación. Como dice el director de uno de los más antiguos circos de Rusia, Maxim Nikulin, “los artistas de circo aparecían por una mutación genética positiva”.

Les 7 doigts de la main en el Circo Price. Foto de archivo

Les 7 doigts de la main en el Circo Price. Foto de archivo

El tiempo le regaló al viejo circo tecnología, un nuevo concepto de espectacularidad, y así como los títeres abandonaron el retablo, en los años 80 el circo dejaba la carpa blanca y se volvía al teatro, quizá haciéndose más libre o tal vez modificando su lenguaje y sus formas tradicionales. Un nuevo espacio donde ahora las emociones nacen de un movimiento, de un traje, de una puesta en escena, y no solo de una hazaña al borde del abismo. “Mezclando el sentimiento de lo bello con la sensación de peligro, el circo resume el pasaje histórico del héroe al artista, manteniendo la inscripción del rito en el mito”, escribe D. Wallon en El circo más allá del circo. La proeza deja lugar a la poesía, a la exacerbación de aquella ternura, a los efectos visuales más brillantes, y por donde antes salían elefantes, monos y tigres, ahora llega la performance, la acrobacia entretejida en la danza, un concepto más teatral del argumento con un lenguaje estético vanguardista que ha atraído a un nuevo público.

Victoria Chaplin con uno de sus trajes infinitos. Le Cirque Invisible

Victoria Chaplin con uno de sus trajes infinitos. Le Cirque Invisible

He ahí al Cirque Ici y a Johan Le Guillerm, a aquel singular Circo Aligre que dijo adiós en los 90, a la Compagnie Dromesko y los Hermanos Forman, a los canadienses Les Septs Doights de la Main, Cirque du Soleil o Cirque Éloize, al Cirque Invisible de Jean-Baptiste Thiérrée y Victoria Chaplin, al Théatre d’un Tour, al Circo Ronaldo o a Phia Ménard, entre tantos otros. A muchos que se han podido ver también en el Circo Price en los últimos 20 años, en Titirimundi y en ese festival de circo contemporáneo, Circa, que se celebra en Auch, en pleno pirineo francés, donde tiene cabida lo más novedoso y actual de las artes circenses.

Los niños de ayer y los niños de hoy

Gaby, Fofó y Miliki. Archivo de la Familia Aragón

Gaby, Fofó y Miliki. Archivo de la Familia Aragón

Pero como bien dicen los descendientes de Emig, aquel que junto con sus hermanos Thedy y Pompoff formaban uno de los tríos de payasos más emblemáticos y la segunda generación de la familia Aragón, “el circo de hoy se ha transformado tanto que ya no es para niños”. “Tiene pinceladas del circo y su espíritu, pero no está dedicado a los más pequeños”, afirman, con cierta nostalgia, Alfonso Aragón Sac (Fofito) y su sobrina Lara Aragón, hija de Gaby. Ambos y sus familias han hecho un guiño al circo y a través de la música y del humor blanco y limpio representan en estas fechas en Madrid sendos espectáculos donde todavía se pueden recordar aquellas tardes en las que, embelesados ante la tele y entre bocadillos de Nocilla y Mirindas -o para los más afortunados, en vivo y en directo- los padres de los niños de hoy tenían toda su atención en aquellos payasos y aquel circo que alegraba siempre el corazón. Muchos consideraban aquellos programas como modelos impecables de televisión infantil, con sus números y canciones que formaron parte de la cultura popular española durante una década, y lo cierto es que han sido una referencia y toda una escuela para maestros actuales del circo y del clown. “Quizá porque los payasos de la tele es donde deberían estar, en la pequeña pantalla”, determina Fofito.

Los Gabytos en ¿Cómo están ustedes? 2.0. La aventura musical. Imagen de archivo

Los Gabytos en ¿Cómo están ustedes? 2.0. La aventura musical. Imagen de archivo

Para Teresa Rabal, que hasta hace año y medio llevaba su peculiar circo de ciudad en ciudad con peluches gigantes y un show hilado a través de la música, “los niños de hoy son exactamente iguales a los de ayer y reaccionan en los mismos puntos”. Sin embargo, para Lara y Fofito, el niño de hoy está más preparado. “Aunque hacerles reír cuesta lo mismo, hay más velocidad en la vida y, lo que intentamos, es sacarles de esa rapidez cotidiana y transmitirles felicidad”, expresa la hija de Gaby. “Ahora juegan con ordenadores y lo que les asombra es que sus padres y abuelos se sepan y canten las canciones que interpretamos en directo en el escenario. Eso les hace salir de su rutina y les causa impacto”, confirma Fofito. “Los niños de hoy nunca han visto a Don Pepito ni a la Gallina Turuleta que lanza huevos al público, y esa participación les hace sentirse dentro de un espectáculo al que no están habituados”, añade este clown augusto que para hacer reír nunca necesitó llevar nariz roja, y cuyo maquillaje especial, aquel usado en América para fingir cicatrices que su padre y sus tíos trajeron del otro lado del Atlántico -“pues los colores daban miedo a los niños”-, solo aportaba una nariz prominente y redondeada dentro de su propio rostro. La primera vez que se convirtió en clown de cara blanca fue gracias a Álex de la Iglesia en su película Balada triste de trompeta (The Last Circus), donde, según cuenta, él mismo se maquilló.

Espíritus soñadores

Los payasos de la tele. El musical, una aventura encantada, con Rody, Fofito y  Mónica Aragón. Un espectáculo que se puede ver estas Navidades en el Reina Victoria de Madrid

Los payasos de la tele. El musical, una aventura encantada, con Rody, Fofito y Mónica Aragón. Un espectáculo que se puede ver estas Navidades en el Reina Victoria de Madrid

La familia Aragón ha querido en cierta manera homenajear a ese circo tradicional donde los payasos tienen un papel esencial, donde, como decía Brecht en Escritos sobre teatro 1, gracias a ellos, “las cosas que están sobre el escenario vuelven a adquirir realidad”. Tanto en ¿Cómo están ustedes? 2.0. La aventura musical, que se puede ver en el Teatro Nuevo Apolo gracias a los descendientes de Gaby, Los Gabytos, como en Los payasos de la tele. El musical, una aventura encantada, con Rody, Fofito y su hija Mónica Aragón, en el Reina Victoria, “no hay gimnastas, domadores, ni animales, pero hay aventura, ampliada gracias a la música”, explica Fofito, una música que les ha hecho convertir su show en un musical.

Gaby, Fofó y Miliki en una foto de un cartel de los años 50

Gaby, Fofó y Miliki en una foto de un cartel de los años 50. Archivo de la FAmilia Aragón

Pero quizá lo más hermoso es que los adultos reviven la infancia y conectan con la parte clown de la tradición del género circense, mientras que los niños viven el espectáculo con toda su ilusión y asombro a flor de piel. “Lo más interesante del circo es el sentido de la familia”, narra Lara Aragón, recordando la vida bajo la carpa blanca. “En el circo convives las 24 horas con artistas de distintos géneros, con un pueblo que se mueve a través del mundo, y cuando eres niño te das cuenta de que tienes un país muy grande en el que hay muchas comidas diferentes y personas de razas distintas”, apunta nostálgicamente esta mujer clown augusto, que con 16 años comenzó a dedicarse a hacer reír a otros.

Espíritus soñadores, exaltados, locos extrañamente razonables, corredores que van tras un ideal y tropiezan contra las realidades, cándidos soñadores a quienes acecha maligna la vida, juglares de la provocación, qué sería el circo sin ellos en un país donde, además, han surgido grandes familias de clown.

Fofó, Fofito, Miliki y Gaby, en la tele. Archivo de la Familia Aragón

Fofó, Fofito, Miliki y Gaby, en la tele. Archivo de la Familia Aragón

Y es que, aunque el circo se haya reinventado en su agonía y haya adquirido un nuevo público, aunque muchos de los miembros de aquel viejo circo apuesten por nuevas formas de estar sobre el escenario y lo recuerden con una mirada cómplice, “el circo tradicional es difícil que siga existiendo, si el 21 por ciento de IVA y la situación actual continúan”, destaca Fofito. A este ritmo de crisis que llevamos, tal vez ya no podremos, como un grito de guerra, responder con un agitado “¡Bien!” a aquella pregunta reiterativa y siempre luminosa que Edmund Goncourt definía como sacramental: “¿Cómo están ustedeeees?” Metáfora de la condición humana, de lo sublime y de lo miserable, a pesar de todo, aquel circo que reinventó Philippe Astley en 1768 siempre será el juego más bello, ese “poema único en el mundo”, que decía Miliki.

(Reportaje en su versión extendida, publicado en su versión corta para la revista infantil en papel Érase una vez, bajo el título “El juego más bello del mundo”, diciembre de 2013)

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Acerca de Alexis Fernández

Me llamo Alexis, soy periodista y experta en comunicación cultural. Trabajo desde hace doce años en el ámbito de la comunicación de las artes escénicas y de la música, pero antes he ejercido como reportera a pie de calle y a mano siempre de un bolígrafo, como redactora de Cultura y Espectáculos y también como discreta crítico de teatro. Puedo decir, modestamente, que mi experiencia me avala, que algunas cosas ya las he visto y otras aún no alcanzo a ver. Pero, al igual que me conmueven las vistas desde una montaña y los tejados, me gusta sentir que estoy en la Summa Cavea de un teatro -el lugar destinado antiguamente a las mujeres y los niños, la parte de arriba-, mirarlo todo desde allí, sin prejuicios, contemplar un pedacito de mundo contenido en un escenario y disfrutar...
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