En cualquier lugar del mundo

Una mañana tranquila, mientras un matrimonio y sus cinco hijos estaban sentados a la mesa, un grupo de siete hombres entraron en su casa, obligaron a la madre a desnudarse bajo la amenaza de matar a los niños, la violaron y después le introdujeron uno de sus fusiles en la vagina, provocándole graves heridas. Después forzaron a su hijo mayor a violarla. El padre trató de impedirlo, pero lo decapitaron delante de su familia. Entonces, se llevaron a la mujer y a sus hijos al bosque, los separaron y, durante un mes, mantuvieron a esa madre como esclava sexual. Al cabo del tiempo, ella preguntó por sus hijos y suplicó verles, así que le trajeron una bolsa llena de cráneos. Les habían asesinado poco después de salir de su casa y se los habían dado para comer durante el tiempo que llevaba cautiva.

La actriz Marta Arteaga en PourQuoi, de Caddy Adzuba, dirigido por Ouka Leele. Microteatro por Dinero. Foto: Archivo de Marta Arteaga

La actriz Marta Arteaga en PourQuoi, de Caddy Adzuba, dirigido por Ouka Leele. Microteatro por Dinero. Foto: Archivo de Marta Arteaga.

Aunque este blog trata sobre artes escénicas y no querría desviar la atención sobre ellas, necesitaba, por esta vez, contar la vivencia de esta superviviente debido al proyecto en el que estoy trabajando en estos momentos, porque en el fondo habla de las atrocidades que, en pleno siglo XXI, los humanos somos capaces de cometer. Y el teatro, como siempre, es el reflejo de la vida. Probablemente esta historia no se me olvidará nunca, porque cada vez que la recuerdo no puedo reprimir las lágrimas. Está recogida en el trabajo audiovisual PourQuoi?, de Ouka Leele y Bettina Caparrós, y la narra la congoleña Caddy Adzuba, encaramada en su estudio de radio, una periodista que simboliza el coraje de las mujeres africanas que arriesgan su vida a diario por denunciar las violaciones de mujeres. También hace un par de años fue la fuente de inspiración de un micromonólogo teatral de 15 minutos dirigido por la artista, con texto de la propia Adzuba, interpretado en diferentes sesiones por Ramón G. del Pomar, Marta Arteaga, Andrea Guzzi y Leonor Calvo en la sala de Microteatro por Dinero, en el barrio madrileño de Malasaña.

Por qué tanto dolor

Por qué tanto dolor… Esta pregunta podríamos hacérnosla en cualquier lugar del mundo, con la diferencia de que en muchos el contexto es catastrófico. En Afganistán hay un dicho que dice que la verdad es como el sol. Cuando asciende, nadie puede ocultarla. “Nunca tengo miedo cuando digo la verdad, no temo a la muerte, temo guardar silencio ante la injusticia”, expresa, citando a Brecht, la joven y renombrada activista afgana Malalai Joya. Un nombre, ligado a un fuerte sentimiento de lucha por la libertad, tras el que se halla una mujer que se atrevió a denunciar públicamente a los criminales y señores de la guerra, y cuyas acusaciones le han valido su expulsión del Parlamento, continuas amenazas e intentos de asesinato. Su suspensión ha generado una protesta internacional para su reincorporación firmada por prestigiosos escritores e intelectuales como Noam Chomsky y políticos de Canadá, Alemania, Reino Unido, Italia y España. Su historia es la de ese otro Afganistán que existe tras el burka y la propaganda que nos llega a Occidente. Joya ha sido comparada con el símbolo del movimiento de la democracia de Burma Aung San Suu Kyi. Su libro de memorias, Raising My Voice, ha sido publicado en España por Kailas Editorial con el título Una mujer contra los señores de la guerra, traducido de la versión americana y canadiense A Woman Among Warlods: The Extraordinary Story of an Afghan Who Dared to Raise Her Voice.

Siempre he sentido pasión por esas historias en las que las voces de denuncia no mueren en el silencio, en las que alguien se atreve a desafiar a la mentira aun en riesgo de ser vilipendiado, amenazado o de perder la vida por el mero hecho de utilizar la palabra para decir lo que no está bien. Confieso que me hacen venirme arriba y que me animan a seguir luchando cada día en este mundo. Ya lo decía la escritora egipcia y activista Nawal El Saadawi hace unos años: “Nada es más peligroso que la verdad en un mundo que miente”.

Pero también me admira la labor de esas mujeres que, como la médico nigeriana Olayinka Koso-Thomas, Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional en 1998 por su trabajo en defensa y por la dignidad de la mujer –fruto de su horror ante los padecimientos que presenció en un hospital de Freetown (Sierra Leona) en mujeres circuncidadas-, han logrado que la ablación femenina en ese país, prerrequisito para el matrimonio en niñas de 10 y 11 años, se reduzca del 92 al 55%. “La primera mujer de una con la que hablé me dijo que el dolor era tan intenso que podía sentirlo en el centro de la cabeza”, contaba Koso-Thomas, amenazada de muerte por la sociedad secreta “Bundo”, y con la que aún mantengo correspondencia de vez en cuando. La primera consecuencia de la mutilación genital femenina puede ser la muerte y psicológicamente incluso la esquizofrenia. Pero Koso-Thomas descubrió que en estas mujeres se desarrollan fístulas, un orificio entre el útero y la vejiga o entre el útero y el recto que se generan más en las mujeres que han sido infibuladas. Durante el parto, el bebé lucha por salir, pero como no hay sitio, no puede o lo hace muerto. El lugar en donde ha estado empujando se produce un orificio y por ahí sale la orina, sin que ella pueda controlarla. Son mujeres a las que se las rechaza debido al fuerte olor que desprenden, además. Lo que ha hecho esta médico es estudiar por qué se realiza esta práctica endémica que afecta a 28 países africanos y a más de 130 millones de mujeres. Una de esas razones, además de la tradición, es que es el medio de vida de las sowies o digbas -las mujeres mayores que reciben dinero por practicar esta brutal tradición, sin anestesia, con una cuchilla de afeitar, un cuchillo o una botella rota, y utilizando cenizas y hierbas mezcladas con excrementos de animales para cortar la hemorragia-. Así que ha ideado que estas mujeres puedan vivir de otra cosa… Tan sencillo y tan difícil como eso…

La químico Pilar Mateo, en el escenario con la periodista Alicia Gómez Montano en 2013. Foto de Juan Misis

La químico Pilar Mateo, en el escenario con la periodista Alicia Gómez Montano en 2013. Foto de Juan Martín.

También la químico valenciana Pilar Mateo, Finalista en 2010 al Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, Candidata en 2005 al de la Concordia, Medalla de oro en Bioquímica por la Academia Internacional de Ciencias y Humanidades, Medalla Gascó Oliag al Mérito Profesional, Premio Europa en Nuevas Tecnologías, Premio Nacional en Salud y Medio Ambiente de Naciones Unidas UNICEF 2008, y un largo etcétera, ha desarrollado una fórmula materializada en una pintura que salva vidas, combatiendo el dengue, la malaria y el mal de Chagas, una enfermedad parasitaria que afecta a 18 millones de personas que viven en la miseria en América Latina. Se trasladó a la región guaraní del Chaco boliviano para investigar a este insecto, la vinchuca, que habita en la paja y el adobe (materiales con los que están construidas las viviendas rurales) y que se deja caer sobre las personas, alimentándose de su sangre. Sólo hay dos medicamentos capaces de frenarla (en una primera fase, después ya no hay remedio), uno de ellos se ha dejado de fabricar y ningún laboratorio está investigando para hallar nuevas y eficaces soluciones, cuando el 40% de los niños nacidos en los últimos años están infectados. Pilar Mateo ha desarrollado esta patente mundial, con un componente que impide el crecimiento de los insectos, que acaban muriendo, y cuya eficacia ha sido demostrada por los científicos más destacados de la OMS. Ningún niño de las casas pintadas con la fórmula de esta española ha contraído el mal de Chagas.

Mujeres que transforman el mundo

Quería hablar de todo esto porque hace unos días se celebraba el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, una celebración cuyo origen es algo incierto, aunque apunta que sea por el 8 de marzo de 1917, cuando en Rusia las mujeres se amotinaron ante la falta de alimentos, dando inicio al proceso revolucionario que acabaría en el mes de octubre de ese mismo año con la caída del zar. A pesar de que la historiografía occidental no se pone de acuerdo en cuanto a hechos y fechas, me gusta pensar que aquellos incendios de la fábrica textil neoyorkina en los que murió un centenar de mujeres, las huelgas de principios de siglo por el fin del trabajo infantil, la igualdad salarial, la disminución de la jornada a 10 horas y un periodo de lactancia en la maternidad, y la llamada de Clara Zetkin a las mujeres para unir su lucha por la igualdad de derechos con la lucha por preservar la paz mundial en 1910, etc., han hecho que lleguemos hasta hoy.

Y de eso se trata, de no morir en el silencio, de alzar las voces para denunciar la injusticia y defender a las víctimas, sean tanto mujeres, niñas, niños, hombres, de trabajar para hacer del mundo un lugar más seguro y estable.

De esas historias, de su superación y de su lucha por defender los Derechos Humanos, la dignidad, la libertad, la justicia -esas palabras que suenan a verdad y que por esa razón no se pueden decir a la ligera-, de la vida, en definitiva, y de sus protagonistas, en este caso esas mujeres que viven sometidas por el peso de tradiciones injustas, gobiernos corruptos y leyes que no defienden a los más desfavorecidos, tratan los Encuentros “Mujeres que transforman el mundo” en los que estoy trabajando y que, organizados por el Ayuntamiento de Segovia, se celebran desde hace cuatro años en el mes de marzo en La Cárcel_Segovia Centro de Creación. Un ciclo de conversaciones cara a cara en el escenario y ante el público como testigo, donde comprometidas activistas, muchas de ellas galardonadas con premios como el Nobel de la Paz o el Príncipe de Asturias de Cooperación o de la Concordia, ofrecen sus experiencias y revelan la realidad que viven a través de estas charlas conducidas por conocidas periodistas españolas.

La Premio Nobel de la Paz 2005, la iranía Shirin Ebadi, entrevistada por Rosa Mª Cala

La Premio Nobel de la Paz 2005, la iranía Shirin Ebadi, entrevistada por Rosa Mª Calaf en la pasada edición de los Encuentros Mujeres que transforman el mundo. Foto de Juan Martín.

En esta edición, que se desarrollará desde el 14 al 23 de marzo, participarán, además de Malalai Joya, la abogada y activista Manjula Pradeep, que ha defendido 35 casos de violencia sexual en India, entre ellos el de la joven violada por seis profesores de su colegio en 2008; o dos de los epítomes de la lucha por la paz en Zimbabue: Jenni Williams y Magodonga Mahlangu. Desde México, Eufrosina Cruz, una indígena zapoteca que ha desafiado las costumbres de su comunidad y que hoy es la presidenta del Congreso de Oaxaca. Y desde España, Sor Lucía Caram, una monja tuitera que ha promovido un banco de alimentos y cuya vocación se traduce en un compromiso social, político y existencial para trabajar con los que más lo necesitan. También estará presente Ada Colau para hablar sobre un derecho fundamental y preocupante en nuestro país: la vivienda. Todas ellas serán entrevistadas en el escenario por periodistas como Pilar Requena, Rosa Mª Calaf, Mara Torres, Mayte Pascual, Elsa González y Alicia Gómez Montano, respectivamente.

A lo largo de estos años he conocido a todas estas mujeres capaces de trastocar el devenir luchando en favor de la paz desde sus ámbitos de acción: el activismo, la política, la educación –base fundamental para sacar adelante a un país, algo que se olvida en éste nuestro- la religión, la ciencia, el arte, la música, el teatro. Y me pregunto qué puedo hacer yo. Lo que pienso cuando las escucho es que en esa Gran Historia, a veces lejana o a veces tan próxima, es posible, como expresaba en 2002 uno de los directores de teatro que más admiro, Eugenio Barba, en aquel discurso de agradecimiento en La Habana -en una frase que me encanta y que preside este blog a través de la pestaña “Pequeñas Islas”- es precisamente eso, “recortar pequeñas islas, minúsculos jardines donde nuestras manos puedan ser eficaces, donde podamos vivir nuestra Pequeña Historia”, apostar por la Verdad, hacerlo a través de nuestros trabajos y de nuestras vidas. Y, ¿desde el teatro? “El teatro es nuestra necesidad de apropiarnos del otro, de fundirnos con él. El teatro mueve nuestro universo interior hacia el mundo de los eventos concretos e impulsa nuestra Pequeña Historia a bailar con la Gran Historia”.

Sea éste un humilde –espero, esa era, al menos, mi intención- homenaje a todas las mujeres, conocidas y anónimas, que en su vida diaria desafían al futuro con confianza, a esas mujeres que contribuyen a crear un mundo más humano donde aún quede lugar para la esperanza, y a esos hombres que apuestan por ellas y las apoyan en su vida diaria y en su trabajo, y que luchan por un mundo más justo.

 

Anuncios

Acerca de Alexis Fernández

Me llamo Alexis, soy periodista y experta en comunicación cultural. Trabajo desde hace doce años en el ámbito de la comunicación de las artes escénicas y de la música, pero antes he ejercido como reportera a pie de calle y a mano siempre de un bolígrafo, como redactora de Cultura y Espectáculos y también como discreta crítico de teatro. Puedo decir, modestamente, que mi experiencia me avala, que algunas cosas ya las he visto y otras aún no alcanzo a ver. Pero, al igual que me conmueven las vistas desde una montaña y los tejados, me gusta sentir que estoy en la Summa Cavea de un teatro -el lugar destinado antiguamente a las mujeres y los niños, la parte de arriba-, mirarlo todo desde allí, sin prejuicios, contemplar un pedacito de mundo contenido en un escenario y disfrutar...
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s