La esperanza que no cesa

“’Esperanza’ es la cosa con plumas/ que se posa en el alma/ y canta la melodía sin las palabras/ y no cesa jamás”. (“‘Hope’ is the thing with feathers”, Emily Dickinson).

Hace casi dos años Amargord publicaba, por primera vez en castellano, la poesía completa de Emily Dickinson, en un vasto volumen de casi mil páginas y casi mil ochocientos poemas, gracias a la traducción de todo un especialista en la autora -como lo fue también Carlos Pujol-, Enrique Goiocolea –artífice de la traducción de varias antologías de la poeta, como una de las últimas, El viento comenzó a mecer la hierba, una exquisita edición publicada por Nórdica e ilustrada por Kike de la Rubia-. Todo un acontecimiento literario, si se quiere, paralelo a otra interesante recopilación y traducción de poemas de la escritora, por Ana Mañeru y María Milagros Rivera, en Poemas 1-600. Fue culpa del Paraíso, de Sabina Editorial, y tras la selección que en 2010 realizaba Bartleby, Poemas a la muerte, con traducción de Rubén Martín. En definitiva, que Emily Dickinson, que en vida apenas vio publicados más de siete poemas, aún se descubre en castellano desde hace apenas una década, considerando pequeñas y grandes antologías. Una autora tan “denostada”, si se quiere, para algunos, como admirada para otros, excéntrica por su forma de vida y reclusión en su casa de Amherst (Massachussets), conservadora en algunos aspectos, progresista en otros, adelantada a su época, abanderada de la libertad femenina, culta, inteligente, de una personalidad tan agitada interiormente como profunda, misteriosa, retraída, y observadora de la naturaleza de las cosas sencillas, que vivía con la pasión de quien capta toda su esencia y la hace suya. No en vano escribía Harold Bloom que, exceptuando a Shakespeare, Dickinson demostraba “más originalidad cognitiva que ningún otro poeta occidental desde Dante”.

María Pastor es Emily Dickinson. La Bella de Amherst. Dir.: Juan Pastor. Teatro de La Guindalera. Foto de Manuel Benito.

María Pastor es Emily Dickinson en La bella de Amherst. Dir.: Juan Pastor. Teatro de La Guindalera. Foto de Manuel Benito

Y a Emily Dickinson decidí encaminarme, para verla desde otro plano, el que ofrece el texto teatral de William Luce (La bella de Amherst) y la puesta en escena de Juan Pastor en el Teatro de La Guindalera, una sala que puede decirse valiente por las obras que presenta: un reto continuo, enfundadas en la calidad del teatro vivo, el teatro de la palabra más difícil de encontrar e interesante. Nadie que quiera disfrutar de noventa minutos de excelencia artística puede perderse esta joya, un buen regalo para Navidad en un teatro que es casi como una casa familiar con vestíbulo, no solo por quienes la regentan, sino por el ambiente de hogar que logran crear. Un refugio al que allegarse para detenernos por un instante y dejarnos llevar por el arte del teatro, en la esperanza que no cesa. Una guinda en medio de Madrid de la que disfruté con mi querido amigo Pedro. Llegar in extremis a veces hace que los mejores momentos estén ahí, para nosotros.

El texto de William Luce –cuyo estreno en escena, con el título de Emily, se llevó a cabo en 1976[1] en el Longacre de Nueva York, dirigido por Charles Nelson Reilly e interpretado, en 116 representaciones, por Julie Harris, papel por el que fue galardonado con su quito premio Tony- es maravilloso, pleno, equilibrado dramatúrgicamente y lleno de sorpresas. Su estreno en español, con traducción de Silvina Ocampo, estuvo a cargo de la actriz uruguaya “China” Zorrilla en el Teatro Regina de Buenos Aires en 1981, dirigida por Alejandra Boero, y con más de 500 representaciones más la gira internacional; y en España, en 1983, la dirigió en el Infanta Isabel Miguel Narros, en una producción interpretada por Analía Gadé y con una escenografía del recientemente desaparecido Andrea D’Odorico.

Sublime interpretación de María Pastor

LA BELLA DE AMHERST - con MARÍA PASTOR - foto de Manuel Benito - IMG_5903

María Pastor en una escena de La bella de Amherst. Teatro de La Guindalera. Foto de Manuel Benito

La dirección de esta puesta en escena, la de Juan Pastor, y la sublime interpretación de María Pastor la harían pasar a la Historia en el curso natural de ésta. En La bella de Amherst, William Luce –que más tarde también dedicaría su teatro a Charlötte Bronte, Zelda Fitzgerald y Lillian Hellman- muestra a una Emily Dickinson que narra parte de su vida después de su muerte, desde la propia eternidad, de luto, con un hermoso vestido blanco, y cuando ya habría de tener 184 años. Al fin y al cabo, “haber sido inmortal trasciende el llegar a serlo”, como la poeta escribió en una de sus cartas. La obra está desmenuzada en anécdotas, recuerdos, cartas, poemas entrelazados sutilmente que nos acercan a una mujer a la que la soledad y el dolor la hacen tan vehemente como la experiencia de estar viva la aproxima a esa misma eternidad. El valor del instante, la capacidad para vivirlo con plenitud, la Naturaleza y los elementos que la habitan, sus ritmos y estaciones, el día, la noche, el paso del tiempo, el sentido de la existencia, y la finitud de la misma, el dolor y la herida, las oportunidades que nos brinda el arte, la belleza, la necesidad de amar, Dios.

María Pastor –que aún hace no mucho interpretaba a Jacqueline du Pré en Duet for One, de Tom Kempinski- llena con su presencia toda la escena, pero no solo es su cuerpo el que se mueve de un lado a otro, que se sienta, que se levanta y salta de la cama conduciéndonos a los recovecos de la estancia –una escenografía de Teresa Valentín-Gamazo llena de delicadeza y lirismo, en la que se siente hasta el viento y en la que se revela a ese personaje espiritual siempre cerca del cielo y del mundo exterior, y al mismo tiempo a esa mujer encerrada durante sus últimos veinte años en su propia casa y en su propio interior-. Sino que su voz nos conduce a los senderos de su mente con una maestría técnica envidiable, como un pilar -junto con el bello y riguroso diseño de iluminación de Sergio Balsera-, sobre el que toda la obra se sostiene en esa hora y media ininterrumpida de monólogo. Un trabajo tan riguroso e impecable, tan bien ligado y tan bien actuado, que esa voz, que se modula entre chillona y dulce, que a mí tanto me quebraba, y ese histrionismo que por momentos María impostaba, no revela sino a una mujer real, divertida en muchos instantes del espectáculo, y no al estereotipo que probablemente todos teníamos en mente. Y es que en La bella de Amherst uno siente que María Pastor es realmente Emily Dickinson, la de verdad. El personaje repasa su vida, lee y comenta sus cartas al reverendo Charles Wadsworth, escribe en su mesa, habla sobre el profesor T. W. Higginson, cuenta al espectador sus deseos, les ofrece la receta de una tarta, y escribe. Escribe en la soledad de su noche y llega al éxtasis a través de la belleza de lo que es capaz de sentir y de la pasión que le proporciona la escritura.

Emily Dickinson, ferviente “admiradora” de su cuñada, Susan Hungtinton, a la que dedica varios poemas de amor –posteriormente Hungtinton fue una de sus editoras junto a la hermana de la autora, Lavinia Dickinson, su amiga Mabel Loomis Todd y el propio Higginson- falleció a los 55 años en su casa de Amherst. Es siempre curioso, como en la historia de tantos artistas, que en vida se conociera tan poco de su obra y que tras su muerte los casi dos mil poemas y cartas sean siempre una referencia, hasta el punto de que se encuentre hoy entre las poetas norteamericanas más importantes del siglo XIX[2].

“Creo que vivir puede ser una bendición para aquellos que se atreven a intentarlo”, escribía. Una afirmación que está muy presente en la puesta en escena de Juan Pastor, difícil de parangonar, llena de la plenitud existencial de la poeta. Esperemos que el año 2015 también nos traiga obras tan “redondas” como ésta. Si no, va a “ser muy aburrido jugar a las canicas después de haber jugado a las coronas”…

 

La bella de Amherst. Dir. : Juan Pastor. Foto de Manuel Benito

La bella de Amherst. Dir. : Juan Pastor. Foto de Manuel Benito

 

 

[1] Puede visionarse en https://www.youtube.com/watch?v=S6nw-ovaR1o&app=desktop

[2] En el cine, en películas como Seabiscuit, Ser John Malkovich, La decisión de Sophie y Delitos y pecados, entre otras, hay algunas referencias, pero también es curioso que su biografía no haya sido llevada a la gran pantalla. Solo Terence Davies (La Casa de la alegría, The Deep Blue Sea), apasionado de las historias con protagonistas femeninas, parece haberse atrevido. El estreno de A Quiet Passion se espera en 2015 con Cinthia Nixon como Emily Dickinson. La bella de Amherst dirigida por Charles S. Dubin se puede encontrar también en formato televisivo, con Julie Harris como protagonista.

 

 

 

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Acerca de Alexis Fernández

Me llamo Alexis, soy periodista y experta en comunicación cultural. Trabajo desde hace doce años en el ámbito de la comunicación de las artes escénicas y de la música, pero antes he ejercido como reportera a pie de calle y a mano siempre de un bolígrafo, como redactora de Cultura y Espectáculos y también como discreta crítico de teatro. Puedo decir, modestamente, que mi experiencia me avala, que algunas cosas ya las he visto y otras aún no alcanzo a ver. Pero, al igual que me conmueven las vistas desde una montaña y los tejados, me gusta sentir que estoy en la Summa Cavea de un teatro -el lugar destinado antiguamente a las mujeres y los niños, la parte de arriba-, mirarlo todo desde allí, sin prejuicios, contemplar un pedacito de mundo contenido en un escenario y disfrutar...
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