Aunque necesites irte

“El barco debe perder peso. He tenido que echar por la borda mis dos grandes gourdes como ofrenda a Agwé, el espíritu de las aguas. Ayer oí murmurar al capitán que habría que hacer algo con algunas de las personas que no se recuperan de los mareos y las náuseas. Temo que pronto me van a pedir que tire este cuaderno. Quizá tendremos que desnudarnos todos hasta quedar como cuando nacimos, para no ahogarnos”. (“Hijos del mar”, en ¿Krik? ¡Krak! de Edwidge Danticat)

Siempre he soñado con ser bailarina, deslizarme ligera en el viento, y sin nada más que mi cuerpo como equipaje, ver otros mundos, sentir otras miradas, reconocerme acaso en ellas, devolviéndome, como un espejo, mi propio reflejo. Muchos días pasaron sin alcanzar lo deseado, sin poder levantarme, sola, intentándolo una y otra vez, hasta dar los primeros pasos y acercarme e ir al encuentro de otros ojos en este mundo extraño. Ahora solo bailo en mis sueños, lentamente, y los llevo, meciéndolos de un lado a otro, de ciudad en ciudad, de un viaje a otro, como una nómada que se mueve siempre hacia el norte y la lluvia, la lluvia abundante que produce vegetación y vida…

A partir de unas viejas fotografías de la posguerra española, la coreógrafa Carmen Werner -Premio Nacional de Danza 2007, entre otros galardones, fundadora y directora de una de las compañías de danza contemporánea más sólidas y destacadas en España, Provisional Danza, formación residente en La Cuarta Pared– en coproducción con Teatro Azul, de Armenia (Colombia) -dirigido por Leonardo Echeverri Botina- ha diseñado una pieza bellísima, igual de rigurosa técnica y estéticamente que sus más de 60 coreografías precedentes desde la creación de la compañía (1987), llena de imágenes hipnóticas y atmósferas -con base en previas improvisaciones que acaso expresan lo que lleva el alma- que introducen al espectador, de inmediato y de forma sencilla, en la reflexión sobre las migraciones: Deberías quedarte, estos días en la sala madrileña La Cuarta Pared, como colofón de honor, y de lujo, de la 12 edición de “Territorio Danza”.

"Deberías quedarte", de Provisional Danza. Fredo Belda/ Patricia Villanueva

“Deberías quedarte”, de Provisional Danza. Fotografías: Fredo Belda/ Patricia Villanueva

Con un lenguaje coreográfico muy personal que ahonda en lo conceptual, en la introspección y en la libertad de lectura por parte del público -de modo que se plantee un diálogo totalmente abierto y tejido entre el cuerpo en movimiento, los textos, en este caso, y la mirada del espectador-, Provisional Danza, que lleva apostando casi 30 años por una simbiosis perfecta entre permanencia y continuidad, resistencia y trabajo impecable, renovación y nuevas perspectivas, ha modelado una pieza sin preciosismos, directa, envolvente, y que como el propio nombre de la compañía, hace siempre honor a la temporalidad. Provisional, como son los sentimientos, las relaciones, las emociones, la vida, en definitiva, tan fugaz como la hierba que se seca en un solo día, que dice el salmo 90 de la Biblia, y al mismo tiempo tan eterna como las huellas del ser humano en la memoria del otro.

Carmen Werner y Cristian López compartiendo "sombreros" en "Deberías quedarte".

Carmen Werner y Cristian López compartiendo “sombreros” en “Deberías quedarte”.

Y es que todo empieza con un adiós.Llegaste a la vida con todo por descubrir, con las emociones intactas, y te irás sin equipaje, con agujeros en los sueños, sabiendo que no volverás”. Despedidas, encuentros, soledad, nostalgia y desarraigo, temor ante lo desconocido, frustración, abrazos, recuerdos, puertas que se cierran, esperanzas, ilusiones y sueños por cumplir; cambiar para que todo cambie, mudanza de uno mismo, desnudar el alma hasta quedarse solo con lo que uno es, a veces de espaldas al mundo, y, sin embargo, dentro de él; otras mirándolo de frente y dispuesto a lo que sea, para más tarde volver a definir el lugar que a uno le corresponde y que ha elegido, y desde el que ya no está dispuesto a todo… Ingredientes todos ellos que Werner, bailando al lado de Tatiana Chorot –ayudante de dirección también en esta pieza, junto con Daniel Abreu-, Laura Cuxart, Cristian López y Alejandro Morata, ofrecen en este proceso: una aventura de principio a fin, una mirada transparente hacia ese fenómeno que traspasa fronteras y que desde siempre define al ser humano, errante, viajero que transita por este mundo, sabiendo, asimismo, que un día tendrá que dejarlo.

“Emigrar es desaparecer para después renacer; inmigrar es renacer para no desaparecer nunca más”, dicen Juan Goytisolo y Sammi Naïr en El peaje de la vida. Todo depende del punto desde el que se mire. Werner permite unir a los protagonistas de esta pieza de distancias y cercanías, que comenzó a gestarse en enero de este año, a través del sentimiento común de pertenecer a este mundo y sin embargo no poseerlo. De estar de paso, aquí y ahora, de la continua temporalidad de la vida y del ser humano que siempre es migrante, desde que nace hasta que se va.

Lleno el teatro, y rebelándose provisionalmente contra esa frase de que la danza es arte de minorías, Provisional Danza vuelve a crear, y “a pesar de que no haya rezado”, una pieza que nadie debería perderse.

Con música de Luis Martínez, fiel colaborador de Werner, también en mayo de 2016 se estrenará en Badajoz la versión del proyecto junto a Teatro Azul, con cinco bailarines y tres actores/actrices en escena.

“Deberías quedarte. Aunque necesites irte”.

 

Provisional Danza crea en "Deberías quedarte" atmósferas envolventes con el mismo rigor de piezas anteriores

Provisional Danza crea en “Deberías quedarte” atmósferas envolventes con el mismo rigor de piezas anteriores

 

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Acerca de Alexis Fernández

Me llamo Alexis, soy periodista y experta en comunicación cultural. Trabajo desde hace doce años en el ámbito de la comunicación de las artes escénicas y de la música, pero antes he ejercido como reportera a pie de calle y a mano siempre de un bolígrafo, como redactora de Cultura y Espectáculos y también como discreta crítico de teatro. Puedo decir, modestamente, que mi experiencia me avala, que algunas cosas ya las he visto y otras aún no alcanzo a ver. Pero, al igual que me conmueven las vistas desde una montaña y los tejados, me gusta sentir que estoy en la Summa Cavea de un teatro -el lugar destinado antiguamente a las mujeres y los niños, la parte de arriba-, mirarlo todo desde allí, sin prejuicios, contemplar un pedacito de mundo contenido en un escenario y disfrutar...
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